Te sientes indefensa. Cada segundo tienes ganas de llorar y al segundo siguiente ya estás llorando.
Sientes impotencia porque hay algunas personas que te ayudan a ello, gritándote, diciendo lo poco que vales, y en esos momentos no tenemos otra absurda cosa que hacer que creernos sus malas palabras. Y te das cuenta de que solo puedes respirar hondo y dar el siguiente paso para salir del desmoronamiento pero...tú sola.

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